Del Escritorio del Párroco 02/15/2015

Feb 19, 2015

Mis queridos hermanos y hermanas en Cristo,      

          El hilo conductor de las lecturas de hoy es Jesús que purifica nuestros corazones y nos restablece la dignidad perdida. La lepra en la biblia es imagen del pecado y la culpa. Jesús se acerca, toca y nos restaura dándonos una nueva vida.

          “El que haya sido declarado enfermo de lepra, traerá la ropa descosida, la cabeza descubierta, se cubrirá la boca e irá gritando: ‘¡Estoy contaminado! ¡Soy impuro!” En la mentalidad del Viejo Testamento la enfermedad significaba marginación. La enfermedad era producto de la mala conducta y del pecado que condenaba incluso a los hijos. Toda enfermedad que se manifestaba externamente era un impedimento incluso para la práctica de la religión. Los leprosos debían sonar una campana anunciando a los sanos que estaban contaminados para no comunicar su impureza a los otros e impedir su participación en el culto oficial del templo. El pecado y la impureza de corazón estaban irremediablemente unidos. El Mesías era ansiosamente esperado para limpiar nuestras lepras y purificar nuestro corazón.

          “Se le acercó a Jesús un leproso para suplicarle de rodillas: “Si tú quieres, puedes curarme.” Este leproso no sonó las campanas, no grito su impureza como lo pedía la ley, solamente expreso su deseo y su fe! Su oración es desde el fondo de su corazón. Cuando nos encontramos con Jesús esta oración debería estar en nuestros labios. El asunto es sobre nuestro pecado y sobre el Poder de Dios para limpiarnos. Me gusta pensar que la lepra moderna se llama estrés. El estrés nos quita la paz interior, la conexión con Dios y con los hermanos y nos conduce a cometer errores desbastadores. Jesús siente compasión por nosotros y quiere limpiarnos del pecado y de los miedos. Jesús habla de purificación y limpieza no de sanación. Aquí lo importante es una forma nueva de pensar.

          Jesús quiere restaurar nuestra dignidad y purificar nuestros corazones, pero debemos buscarle, caer de rodillas y pedirle lo que necesitamos. Para hacerlo debemos liberarnos de nuestras barreras culturales y sociales tal como lo hizo el leproso, para escuchar las palabras bellas que brotan de los labios de Jesús: “¡Sí quiero: Sana!”  ¡Les veo en la cena romántica el sábado 21 de marzo a las 8 PM!

 Bendiciones,

P. Roberto
Párroco