Del Escritorio del Párroco 02/22/2015

Feb 23, 2015


Mis queridos hermanos y hermanas en Cristo,      

La conversión de la mente y el corazón son posibles, este es el mensaje para este primer domingo de cuaresma. El evangelio de Marcos propone una vuelta radical a Dios. Radicalidad en el sentido de la escucha de la Palabra, desnuda de las ideologías y modas que imponen los tiempos. Marcos no quiere más excusas y nos invita al desierto el lugar donde podemos desprendernos de nuestros apegos y de los ídolos que hemos creado.

 

“El Espíritu impulsó a Jesús a retirarse al desierto”. El desierto es un lugar ambivalente: prueba y purificación, tentación y encuentro con Dios y con uno mismo. Como podemos leer en el Evangelio de Marcos el desierto es el lugar donde Satanás tentó a Jesús, pero también es el lugar de la luz donde los Ángeles le servían. El desierto es el lugar para encarar nuestros demonios y permitir a Dios expulsarlo de nuestras vidas, purificando nuestras mentes y corazones. Tenemos la capacidad de elegir; de permitir a la tentación reinar o permitir a Dios en nuestra intimidad para tener la fortaleza y vencer al mundo. Las fuerzas de la oscuridad siempre son vencidas por la presencia del Espíritu.

 

“Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca.” Jesús espera mucho de nosotros. Para anunciar su Reino debemos comenzar por hacer una vuelta en U sobre la manera en que vivimos la fe muchas veces sin compromiso y acomodándonos a las diferentes filosofías e ideologías que gobiernan el mundo, olvidándonos de la justicia y la misericordia. Vivimos un mundo  de componendas y comodidad. En Marcos no hay lugar para la mediocridad, para vivir la fe Cristiana a medias. El vino nuevo se pone en odres nuevos. No se trata de prácticas, sino de nosotros mismos.

 

Jesús nos invita al desierto. Allí nosotros confrontaremos nuestros demonios sabiendo que Dios está con nosotros y que envía a sus Ángeles para cuidarnos en nuestras necesidades y suplir nuestras carencias. En el desierto seremos capaces de revisar nuestras vidas y orar a Dios que nos muestre la humildad y la justicia como el camino de la vida nueva.   

 

Bendiciones,

P. Roberto
Párroco