Del Escritorio del Párroco 04/12/2015

Apr 14, 2015

Mis queridos hermanos y hermanas en Cristo,

Han pasado los días de la Semana Santa y la parroquia se nos llenó de gente. Las misas en español estuvieron rebosantes de gente y devoción. Vi a muchos llorar el Viernes Santo y me acorde de las palabras del Evangelio “dichosos los que creen sin haber visto”. En una época de descenso de la práctica religiosa confío en el Señor, que el deseo de conectar con El habita todavía en el corazón de muchos.

“Si no veo en sus manos la señal de los clavos y si no meto mi dedo en los agujeros de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré”. ¡Tomas quería creer con sus dedos! Para creer él quería tocar las llagas del Señor resucitado. San Agustín se preguntaba: ¿y si hubiera resucitado sin las cicatrices? Entonces.....Tomás no hubiera creído, "pero si no hubiera conservado las cicatrices en su cuerpo, no hubiera sanado las heridas de nuestro corazón". La fe de los que no han visto es superior a los que vieron y tocaron. Tomas es sofisticado como mucho de nosotros. También nosotros queremos ver y tocar antes de creer. La gente de Fe cree en la bondad de Dios, su amor y su providencia que nunca fallan.

Cuando la fe es auténtica se compromete, los sentimientos no son suficientes. La Fe compromete a practicar lo que se cree. La fe sin obras, dice el Apóstol Santiago, es una fe muerta. Jesús nos trae la paz y la misericordia; nos regala la paz interior, nos da sentido a la vida. Cuando nos encontramos con el Señor resucitado nuestros corazones rebosan de alegría y nos bañamos en su misericordia. El Señor Jesús nos envía a perdonar y no a juzgar. Necesitamos anunciar el corazón misericordioso de Dios y de su Hijo Jesucristo. Muchos no se acercan a Dios porque no perciben en nosotros paz, misericordia y alegría.

Hoy es el Domingo de la Misericordia un buen día para re-comenzar la vida. Seamos misericordioso como el Señor es misericordioso. Él nos da la fortaleza necesaria para vencer la tentación de no confiar en su amor providente que nos cuida siempre.

Bendiciones,
Padre Roberto