Del Escritorio del Párroco 1/25/2015

Feb 4, 2015

Mis queridos hermanos y hermanas en Cristo,

               Las lecturas para este tercer domingo del tiempo ordinario nos invitan a la conversión de la mente y corazón. Convertirnos porque conocemos y amamos a Jesús. La conversión trata de ver al mundo no con nuestros ojos sino con los de Dios. Ver las cosas no como están sino como las creo Dios, para hacer eso necesitamos cambiar nuestra forma de pensar, eso es conversión.

             “Arrepiéntanse y crean en el Evangelio.” La Palabra de Dios nos urge un cambio de corazón. Pero para cambiar el corazón debemos cambiar nuestra manera de pensar a Dios, a los hermanos y nuestro mundo. También nosotros los cristianos somos tentados a la comodidad y la acomodación a una cultura que no refleja  los valores evangélicos. Piensen, el aborto hecho en el nombre de la libertad. El aborto es una perversión porque destruimos la vida humana en el lugar donde debe estar segura: el vientre de la madre y salvar a una tortuga es más importante que un bebe. La libertad no es un valor absoluto sino un valor determinado por lo que es bueno. La Buena Nueva implica en el creyente dos actitudes: convertirse y creer en el Evangelio. La palabra griega “metanoéite” que traducimos como conversión conlleva un cambio radical de pensamiento, corazón y sentimientos. La palabra incluye acoger los valores del Evangelio abandonando los antivalores de la mundanidad. La decisión tiene que hacerse hoy porque el Reino de los Cielos está cerca.

“Dios vio sus obras y cómo se convertían de su mala vida, cambió de parecer y no les mandó el castigo que había determinado imponerles.” La situación de Nínive era caótica también el corazón de Jonás. Él no quería ir a Nínive porque sus gobernantes habían hecho sufrir mucho a su pueblo Israel. Pero Jonás cambio su mente y su corazón y fue a Nínive a anunciar la Palabra que había recibido. Nosotros también muchas veces vivimos en un caos interior como los ninivitas y Jonás sin saber qué hacer. Jonás y los ninivitas cambiaron su corazón. Hay dos motivos para la conversión: amar a Dios y el miedo al castigo. Dios no desea castigo para nosotros, pero nuestras escogencias son malas y eso trae consecuencias. Dios es misericordioso y sabe cómo leer nuestros corazones. Si nos hemos convertidos por amor a Dios esta será firme y verdadera.

“Síganme y haré de ustedes pescadores de hombres.” El seguimiento de Jesús es el principio de la vida cristiana. La moral cristiana está construida sobre el discipulado. Seguir a Jesús es abandonar nuestras comodidades y el viejo yo para abrazar la voluntad de Dios que descubrimos al oír a Jesús. Síganme y hare de ustedes algo nuevo. Un corazón bien dispuesto dispersa los problemas, las preocupaciones, las tentaciones y los olvidos o como dice el Papa el Alzheimer Espiritual que nos hace olvidar quienes somos y el primer encuentro con Cristo Jesús. Este es el tiempo de la conversión porque el mundo que vemos es pasajero. Les comparto una oración de abandono en las manos del Padre de Carlos de Foucault:

"Padre, Me pongo en tus manos. Haz de mí lo que quieras.
Sea lo que fuere, por ello te doy las gracias.
Estoy dispuesto a todo.
Lo acepto todo, con tal de que se cumpla Tu voluntad en mí y en todas tus criaturas.
No deseo nada más, Padre.
Te encomiendo mi alma, te la entrego con todo el amor de que soy capaz, porque te amo y necesito darme, ponerme en tus manos sin medida, con infinita confianza, porque tu eres mi Padre".

 Bendiciones,

P. Roberto
Párroco