DEL ESCRITORIO DEL PARROCO 2/26/17

Mar 1, 2017

Mis queridos hermanos y hermanas en Cristo,

“No pueden ustedes servir a Dios y al dinero.” La Palabra de Dios no nos pide vivir sin dinero y mucho menos rechazar el trabajo humano tan necesario para la vida propia y de la familia. La palabra divina tampoco nos pide vivir en pobreza con muy poco dinero. En el evangelio de Lucas (19, 8) Zaqueo es alabado por dar la mitad de su dinero a los pobres, no todo su dinero. Y en los Hechos de los Apóstoles (5, 4) se nos dice que nadie está obligado a vender sus propiedades y entregar el dinero a la Iglesia, el aporte de cada uno debe ser voluntario. San Pablo en la Primera Carta a Timoteo (6m 17) no prohíbe la riqueza y la comodidad, pero si poner nuestra confianza en ellas. Todos estos significados son el sentido del texto de hoy. Lo que se prohíbe no es la riqueza, pero hacerse sirvientes del dinero.

Idolatría es todo lo que reemplaza a Dios. Nosotros desplazamos a Dios cuando decidimos ser gobernados por la avaricia al dinero, por nuestras ambiciones y nuestros propios proyectos en vez de la voluntad divina, cuando nos convertimos en siervo de las cosas, dependientes de los otros en vez de servir a Dios primero hemos caído en idolatría.

El dinero no puede ser el objeto de nuestro amor y menos nuestro primer amor. Cuando eso sucede el dinero se convierte en la raíz de todos los mates (1 Tim 6, 10). Solamente Dios y el prójimo deben ser el objeto de nuestro amar, nunca las cosas materiales. Las cosas materiales deben ser medios para el bien común.

Jesús nos pide confiar en la Divina Providencia, a no pre-ocuparnos del mañana; el evangelio nos invita a ocuparnos de los problemas y los retos del presente y no pre-ocuparnos mucho del futuro. Esto no significa no ser previsores y provisores de nuestro futuro, sino sobre todo a vivir bien el presente, poniendo nuestra confianza sólo en Dios.

Mi oración para esta semana: Dios mío, ayúdame a quedar libre de la idolatría del dinero, del poder y el poseer para que sólo tú seas mi Señor. Dame la gracia de vivir en libertad y plenamente cada día, ocupados haciendo tu voluntad, sin obsesionarme por asegurar mi futuro.

Bendiciones,

Padre Roberto