Hyattsville, Maryland + Roman Catholic Archdiocese of Washington

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DEL ESCRITORIO DEL PARROCO 3/19/17

Mar 20, 2017

Mis queridos hermanos y hermanas,

Jesús agotado de su jornada y apremiado por las altas temperaturas del medio dia, se sienta en el pozo de Jacob. El pozo de los samaritanos y ahí le pidió agua de beber a una mujer samaritana. En la biblia los encuentros en un pozo tienen una connotación amorosa, por eso los discípulos están sorprendidos.

Al leer los versos 36-38 a la luz de Juan 3, 29 (“El amigo del novio que está escuchando se alegra de oír la voz del novio. Por eso mi gozo es perfecto.”); podemos ver la invitación a los apóstoles a gozarse en lo que Jesús realiza en el corazón de la samaritana, siembra que termina en la conversión de la ciudad. Jesús va cautivando poco a poco el corazón de la mujer, haciéndola consciente de su profunda sed que no puede ser saciada por el agua del pozo de Jacob. Su sed solo puede ser saciada por el Mesías.

Cuando Jesús le habla de sus esposos pasados y su presente amante, ella reacciona positivamente porque son las heridas que necesita sanar. Ella necesita alguien que verdaderamente la ame. La mujer samaritana necesita ternura y respeto que ninguno de sus amantes había podido darle. Cuando Jesús le dice que la “salvación viene de los judíos”, él la está invitando a acogerlo y no rechazarlo por su procedencia. Inmediatamente, Jesús le dice que las instituciones samaritanas y judías son relativas porque lo que es importante es el encuentro con Dios, que solo tiene lugar en un corazón abierto y movido por el Espíritu Santo. El templo Samaritano y de Jerusalén no son absolutos, ni la cosa más importante: ella necesita un encuentro con el Dios vivo y verdadero, quien quiere salvarla y calmar su sed para siempre.

Adorar a Dios en Espíritu no es solamente una actitud interior sin obras externas, pero una adoración dócil a la presencia del Espíritu Santo que nos mueve a exclamar “Abba, Padre” (Rom 8, 15). Adorar a Dios en Espíritu y verdad significa adorar al Dios verdadero, un Padre que nos ama con misericordia, el Dios que Jesús nos revela.

Mi oración para esta semana: Señor háblame a mi corazón y siéntate junto al pozo de mis temores y ansiedades y sedúceme con tus palabras de amor. Tengo sed de ti y solo tu agua viva puede calmar la sed intensa de mi corazón. Señor dame de beber de tu agua viva para que nunca más tenga sed.

Bendiciones,

Padre Roberto