Del Escritorio del Párroco 12/06/2015

Dec 4, 2015

Mis queridos hermanos y hermanas en Cristo,

 El evangelio del segundo domingo de Adviento nos introduce la figura de Juan el Bautista. Juan es un personaje singular fiel a su misión y vocación ambas cumplidas en humildad. El reconoció en Jesús al mesías esperado desde antiguo y declaró que no era digno de desatarle sus sandalias. Juan el Bautista nos invita durante este Adviento a preparar el camino del Señor enderezando las sendas, abrazando la humildad y botando el corazón duro para acoger la ternura y la vida nueva que nos trae Jesús. Juan el Bautista quiere que enderecemos nuestras vidas como la única forma de recibir a Jesús en nuestras vidas, en nuestra comunidad y en la nación.

 Le primero que debemos hacer es recordar que necesitamos un encuentro personal con Jesús. No es posible alimentarse sólo de doctrina religiosa. No es posible seguir a Jesús si lo pensamos como una sublime atracción. Necesitamos primero una sintonía vital del corazón y los valores con su estilo de vida para tener los mismos sentimientos de Cristo por su Padre y la humanidad. Vivimos en el desierto de la modernidad y por lo tanto nuestra comunidad de fe debe ser transfigurada como el lugar donde se acoge el Evangelio de Jesús, dándole a Él la posibilidad de penetrar con toda su fuerza humanizadora en nuestros problemas, crisis, miedos y esperanzas.

 Es en esta experiencia directa con Jesús y su Buena Nueva que nace en nosotros una Fe nueva la cual vivimos no por obligación sino por atracción. Necesitamos entonces bajar la montaña de orgullo y del pecado de nuestra cultura: la autosuficiencia. Necesitamos allanar el camino tortuoso de la baja autoestima y la desconfianza propia. El secreto es permitir a Jesús caminar a nuestro lado siempre porque Él nos da un sentido sano de la vida, la verdad y la esperanza para poder convertirnos en mejores personas, comunidades y una mejor nación.

 

Bendiciones,

Padre Roberto