Del Escritorio del Párroco 12/20/2015

Dec 21, 2015

Mis queridos hermanos y hermanas en Cristo,

La navidad está a la vuelta de la esquina. El próximo viernes estaremos entre familiares y amigos celebrando que Dios está con nosotros. María nos enseña dar esos pasos finales para llegar seguros a la Navidad. Ella como ninguna supo esperar la venida del Mesías. María es la que traduce las profecías mesiánicas a realidad evangélica. Por esta razón el cuarto domingo de Adviento es esencialmente mariano. La que va a dar a luz a la Luz esta entre nosotros. El Pastor de la humanidad nacerá pronto mientras tanto crece en sus entrañas. Jesús nos traerá buenas nuevas de justicia, paz y ternura y viene como un niño, pequeñito, bello y frágil para que podamos abrazar la inmensidad de Dios.

 “María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea.” María está llena de gozo y vida  y quiere compartir ese amor y esa gracia. María se encamina a Ain-Karim, el pueblito fuera de Jerusalén donde habitan Isabel y Zacarías. Ellos han sido estériles, periféricos,  y se creen condenados y maldecidos por Dios. El gozo de la Buena Nueva se proclama siempre a los marginados. Isabel compartía la misma experiencia de fe de María, pueden entenderse. María camina con la caravana entre el bullicio de la familia y los camellos pero sola con su secreto y su gozo hasta que se encuentra con Isabel y pueden compartir su experiencia de Dios. Isabel esta lista para recibir la Buena Nueva. ¿Estamos nosotros listos? Y si hemos recibido la Buena Nueva, estamos listos para encaminarnos presurosos a compartirla?

 

María está dispuesta a servir a los necesitados. Esa es la forma correcta de enderezar los senderos y preparar el camino del Señor. Si Jesús está en nuestros corazones necesitamos compartir esa Buena Nueva. La mayoría de nosotros vivimos en la comodidad y la Navidad nos reta a salir de nuestro letargo para compartir nuestras bendiciones. Eso es lo que María nos enseña en la Navidad. Nosotros, como lo hizo ella, tenemos que dejar nuestras zonas de comodidad y abrazar a los hermanos en necesidad. Hace falta cerrar los ojos y los oídos para no descubrir el dolor, la soledad y la pobreza que nos rodea. Es en este mundo que tenemos que hacer presente el gozo de experimentar a Dios-con-nosotros. Un camino cuesta arriba seguramente pero como María debemos apresurarnos a compartir el amor que Cristo ha derramado en nuestros corazones.

 

Bendiciones,

Padre Roberto