Del Escritorio del Párroco (7/20/2014)

Jul 20, 2014

Mis queridos hermanos y hermanas en Cristo,
     Las lecturas para este domingo 20 de julio nos presentan a Dios como clemente y misericordioso. Dios es paciente y espera que le permitamos a su Espíritu Santo liberarnos de las esclavitudes del mundo. 

     Dios juzga con clemencia: Nuestra primera lectura es una reflexión sapiencial de cómo Dios ha tratado a los cananeos: Dios ha sido magnifico, indulgente y misericordioso con ellos para permitirles el arrepentimiento y regresar al rebaño. Dios es clemente no por debilidad sino por la fidelidad a sus promesas. “Tú, Señor, Dios clemente y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad y leal, mírame, ten compasión de mí.”

     El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad: Los humanos vamos por la vida, la felicidad y la libertad. La humanidad está preñada con la ilusión de dar a luz al hombre perfecto. Pero llevamos una herida radical: nuestro egoísmo que es más poderoso que nuestros sueños y esperanzas. Los cristianos participamos de esta humanidad. El egoísmo nos paraliza, nos traga en el individualismo y el orgullo que nos impide conectar con el 0tro y los otros para recibir la ayuda adecuada y dar a luz al hombre nuevo garantizado por Dios. La persona egoísta no sabe pedir ayuda ni a Dios ni a su prójimo. La función del Espíritu es ayudarnos a orar y pedir lo que realmente necesitamos. Este silencio y “gemido inefable” son escuchados muy bien por Dios.

     El Reino de Dios crece en medio de las dificultades: Jesús nos cuenta parábolas para decirnos que él es el Reino. A Mateo le gusta la frase “el Reino de los Cielos” pero el cielo no debe ser entendido como el lugar donde solo Dios reina. Para Jesús el Reino comienza, crece y termina alcanzando su plenitud inexorablemente no importando los obstáculos, las espinas, el terreno pedregoso o la cizaña, imagen de los fariseos y los escribas. Ellos son la cizaña que amenazan a los hijos de Dios. Aun en medio de estas dificultades habrá una cosecha abundante.

     También a nosotros nos toca ser pacientes y clementes con los demás como Dios es con nosotros. Tenemos que ser consientes que cada uno de nosotros es el campo donde crece el trigo y la cizaña, que vivimos en medio de la comunidad y que nuestras decisiones afectan a los demás. Nuestra realidad tiene consecuencias. Si es verdad que no debemos juzgar a los demás, es más verdad que debemos examinar constantemente nuestros campos y dejarnos purificar por la Palabra de Dios. Como aconsejaba San Agustín: “Si siempre fuiste bueno, ten misericordia; si alguna vez fuiste malo, no lo olvides.”

Bendiciones,
P. Roberto
Párroco